| | La fiesta de San Juan, y más concretamente las hogueras, tiene sus orígenes en el culto al sol durante el solsticio de verano, cuyas prácticas y ritos, a pesar de las reiteradas e incansables predicaciones de la Iglesia, han sobrevivido congregándose en torno a dicha festividad. Podemos decir que la fiesta de San Juan surge a raíz de la epidemia de landres o peste que azotó principalmente La Laguna y Santa Cruz. La enfermedad penetró en la Isla a través de unos tapices de Levante que trajo el capitán Lázaro Moreno, ornamentos que fueron desdoblados el día del Corpus para colgarlos de las ventanas y embellecer el trayecto procesional.  En 1583 la epidemia había cesado en La Laguna, pero en Santa Cruz, según el historiador Alejandro Cioranescu, continuaba con fuerza. La enfermedad desapareció a raíz de las rogativas que hizo el pueblo a San Juan Bautista, el cual fue tomado como Patrono y Abogado de la Peste ante Alonso Cabrera de Rojas, escribano mayor del Cabildo, el 25 de junio de 1582. REGOCIJOS POPULARES De todos son conocidos los actos culturales, religiosos y deportivos que configuran el programa de las fiestas de San Juan, pero, apartando las hogueras y verbenas, ¿sabemos cuáles eran los actos festivos en los comienzos de la fiesta? Lo primero que se hacía era adornar las calles con arcos florales, luego engalanar los postes del tranvía e instalar luminarias para los paseos nocturnos y verbenas populares. Preparado el escenario, los caballeros, ante las señoritas de la ciudad, luchaban, corrían sortijas o jugaban cañas lo mejor posible, tal y como lo disponían las Ordenanzas. Desde un principio fue típico de la fiesta de San Juan las corridas de toros, lidiándose, según las Ordenanzas, 4 morlacos en la plaza mayor del Señor San Miguel. Pero quizá de los actos más olvidados del programa festivo de San Juan habría que señalar el acuerdo de representar el día del Precursor la comedia que se hacía en el Corpus Christi. Es de destacar que el tema del entremés se conoce gracias a la declaración que hizo Pedro Trujillo de la Coba, regidor de Tenerife, al Tribunal del Santo Oficio, pues fue uno de los que presenció la representación y, por lo tanto, testigo importante para encontrar a los culpables que escenificaron lo que parecía para la Inquisición, hacer escarnio de lo que representaba la Iglesia. La costumbre de encender hogueras en la noche de la víspera de San Juan es señal de regocijo, sofocantes, cegadoras, tan pronto como las campanas dan el toque de Oración, nacen sus cuerpos ahincando su crepitar en la fiesta de San Juan. Los campesinos las encienden y alimentan con las ramas olorosas del campo o con trastos viejos, y de hoguera en hoguera vuela y se escurre entre las llamas el arrullo de una isa o el deje de una folía, tras remojarse los organizadores y participantes la garganta con un buen vaso de vino tinto, el principal medicamento contra la sofocante noche sanjuanera. Cada año se prende fuego a los leños, se baila alrededor de la hoguera y se salta por encima de sus llamas, pero en la mayoría de los casos, sin conocer su significado. El mensaje de la hoguera encendida en el centro de los pueblos, se puede interpretar como un preservamiento: arrojar a los espíritus malignos o no permitirles la entrada. En el salto por encima de las llamas, aunque sin saberlo unos participantes que sólo se divierten, se realiza una práctica ritual de transferencia, centrada en la transmisión de las posibles enfermedades al fuego purificador que todo lo destruye, o en el preservamiento de futuros males. Por lo que respecta al humo, el mismo del rescoldo con el que se entra en contacto para asar piñas y papas o para saltar las jóvenes casaderas con los pies juntos, también tiene su significado, ya que se puede interpretar como elemento que bendice las casas y los cuerpos de los vecinos del lugar que quedan purificados. |