
En el año de 1.607, los Señores de Justicia de la Isla declararon el catorce de septiembre día de fiesta, motivado por los milagros que obraba el Cristo de La Laguna. Así fue como dio comienzo la festividad del Ungido del Santuario de San Francisco, siendo su plaza el escenario donde los peregrinos representaban la exaltación al Cristo.
Con el paso de los años, el encargado de llevar a buen cauce los festejos sería un caballero notable, el cual era elegido cada año por los religiosos del Convento de San Francisco, y al que se denominaría “Proveedor de" la Fiesta”, preocupándose que la suntuosidad de los actos fuera mayor que la de su antecesor. Asimismo, era costumbre que el proveedor regalara al Cristo un objeto de plata como recuerdo, destacándose la actual cruz que posee el Cristo, obsequiada en 1630 por Francisco Baptista Pereira de Lugo, Regidor de Tenerife.
Con la fundación de la Venerable Esclavitud en 1659, desaparece la figura del proveedor, designándose una comisión presidida por el Esclavo Mayor para la organización de las fiestas, y a partir de 1.926 se le encargan los actos populares al Ayuntamiento. Los actos de las fiestas del Cristo se iban enriqueciendo cada año con diferentes tradiciones y expresiones del folklore popular, algunas de las cuales aún se conservan.
El Cristo de La Laguna fue traído en el año 1.520 gracias a la petición que Alonso Fernández de Lugo hizo al Duque de Medina Sidonia, se trata de una talla perteneciente al gótico sevillano, del siglo XV. El milagro ha sido la constante en los cuatro siglos y medio que el Crucificado ha recibido culto en la isla de Tenerife, siendo una de las imágenes religiosas de mayor veneración en Canarias.
Nota: Resumen extraído del libro
EL Santísimo Cristo de La Laguna, Historia, Fiestas y Tradiciones de Domingo García Barbuzano